En el año 2011 fui diagnosticada con esclerosis múltiple.

Ese año, cuando tenía 36 años de edad, empecé a sufrir de parestesia en mi pierna derecha -que son cosquilleos o sensación de hormigueo-, así que decidí ir al doctor para determinar qué era lo que estaba ocurriendo en mi cuerpo.

Tras someterme a una revisión general, el doctor pensó que era algo pasajero, atribuyendo los síntomas al estrés, mala circulación e incluso a falta de vitamina B. Ya que tener cosquilleos en una extremidad del cuerpo no era algo que se considerara delicado, seguí las indicaciones del médico.

Sin embargo, los síntomas persistieron, por lo que decidí ir nuevamente al doctor.

Consulté con el médico y este me indicó que para descartar cualquier causa grave, me visitara con un neurólogo.

Las primeras resonancias magnéticas

Tras unas resonancias magnéticas, la neuróloga dijo que en ellas se veían placas escleróticas en la médula espinal y anomalías en la mielina, y que las defensas de mi cuerpo estaban atacando y destruyendo la mielina de mi cerebro.

Estos daños provocarían que los impulsos nerviosos en mi cuerpo disminuyeran o se detuvieran, haciendo que no se pudieran conectar correctamente y afectar varias partes del cuerpo.

La posibilidad de sufrir esclerosis múltiple (EM) estaba presente. Una enfermedad crónica y auto-inmune que “no tiene cura”.

Poco después hicieron otros exámenes, consultaron mi historial clínico y lo compararon con mis síntomas en ese momento. El neurólogo buscó anomalías en las vías de mis nervios y midieron mis potenciales evocados para saber cómo reaccionaba mi cerebro.

El diagnóstico

Después, mi pesadilla se hizo realidad: me diagnosticaron esclerosis múltiple.

La neuróloga me explicó que la condición empeoraría y podría acabar necesitando una silla de ruedas, sin tener la capacidad de caminar otra vez o mover correctamente mis extremidades, así como muchas otras privaciones que tendría.

Hablamos de un tratamiento, -que sin curar del todo mi condición-haría que el avance de la desmielinación fuera más lento, lo cual -sin el tratamiento que me aconsejaban-empezaría a afectar zonas diversas de mi sistema nervioso central y a multiplicar los síntomas de la enfermedad.

Depresión

Lo cierto es que caí en depresión, algo bastante grave que muchas personas creen que es pasajero.

Esto fue un gran impacto para mí, algo que pensaba jamás me pasaría. Es de esas enfermedades que solo ves en la televisión o escuchas de ellas y piensas que nunca te pasarán a ti o a tus familiares.

Mis hábitos alimenticios empeoraron, ya que no comía a la hora adecuada y mi estado de ánimo estaba por los suelos.

Continuaba con la parestesia y mi depresión fue a tal grado que empecé a tomar medicamentos para tratarla, estaba bajo un completo estrés.

Reconsideré mi situación y estaba dispuesta a tomar el tratamiento si me daba al menos unos meses más de lo que era mi vida antes de todo ese problema, pero este tratamiento también me causaría malestares, pues los efectos secundarios de las medicinas serian fuertes.

¿La esclerosis múltiple tiene cura? – Opción alternativa al tratamiento oficial

En algún momento, mi hermano me comentó que había investigado y leído mucho sobre el tema, dialogó conmigo y me explicó tantas cosas sobre lo que pasaría conmigo si empezaba a tomar el tratamiento y qué otras alternativas habían para tratar mi condición.

Al final de todo, me pidió que no tomara el tratamiento.

Vimos también un vídeo de una doctora estadounidense que tuvo esclerósis múltiple y se curó. La doctora Terry Wahls. Aquí podéis ver el vídeo:

A la doctora Wahls le diagnosticaron esclerosis múltiple en el año 2000 y logró revertir su enfermedad, abandonar la silla de ruedas y recuperar su movilidad gracias a un tratamiento médico totalmente natural que ella misma desarrolló conjugando los principios de la medicina funcional con las pautas de salud integral de la dieta paleo.

Una esperanza

Lo que me dijo mi hermano y ese vídeo, me dieron una esperanza que no me había permitido tener hasta ese momento.

Cada semana llamaban del hospital, pero nunca acepté tomar el tratamiento.

Siguiendo los consejos de mi hermano, cambié mis hábitos alimenticios, mi rutina de vida, dejé el tabaco y empecé a hacer ejercicio. También iba a sesiones de acupuntura e intentaba disminuir el estrés.

Así que cambié por completo mi estilo de vida.

Organismo tóxico

Sinceramente, mi organismo estaba tóxico, lo había estado dañando con una mala alimentación y vivir bajo constante estrés, fumando y alejada de los ejercicios físicos. No comía de forma adecuada y casi nunca hidrataba mi cuerpo.

Sentía que si había alguna oportunidad de poder curarme de la esclerosis, la tomaría. De tal forma, este método me convencía más que un tratamiento que al final no solucionaría mis dolencias, solo los ralentizaría.

Mi vida se volvió más activa de una manera mucho más sana. Al principio fue difícil alejarme de mis vicios, pero descubrí que estaba viviendo una mejor vida de esta forma.

La parestesia empezó a desaparecer

Poco a poco dejé de sufrir la parestesia, y en los siguientes meses me sentía mejor de lo que me había sentido en mucho tiempo.

Decidí ir a hacerme otras revisiones, ver qué había cambiado en mi organismo. ¿Habría servido de algo todo el esfuerzo que hice? Sinceramente me sentía sana, pero quería una prueba física -además de mis sentimientos-que demostrará que estaba bien.

Al llegar al hospital, los doctores estaban un poco sorprendidos al verme allí, luego de haberlos evadido durante un tiempo.

Las experiencias que había vivido meses antes cuando me hicieron todos esos exámenes, volvieron a mí como un torbellino.

Esta vez sabía qué hacer, cómo colocarme, cómo comportarme, ya que estos exámenes no me eran desconocidos.

Nuevamente volvió esa sensación de incertidumbre al saber si la forma como me sentía no era una fantasía.

Nuevos resultados

Cuando los doctores vieron los resultados de la resonancia, estaban sorprendidos, por no decir incrédulos.

En las resonancias no había rastro de las lesiones que alguna vez había tenido, y la felicidad que sentí en ese momento no podría describirla.

Los doctores seguían escépticos por los resultados, “no hay cura para la esclerosis”, ¿cómo podría cambiar los resultados de los exámenes si había declinado a tomar el tratamiento? Una pregunta que todos se hacían al momento. Incluso todos esperaban que estuviera en peores condiciones.

Al final su escepticismo-y la historia en sí- les hizo pensar que nunca había tenido esclerosis, que seguramente había sido un error, porque clínicamente no estaba comprobado que los cambios que había hecho con mi estilo de vida pudieran ayudar a tal extremo de curarme.

Pero ahí estaba yo, y estaba sana.

Fitoterapia y dietética

A partir de ese momento decidí que tendría que ayudar a otras personas que estuvieran pasando por lo que yo sufrí, una enfermedad -supuestamente- incurable.

Así que me preparé, estudié fitoterapia y dietética, me especialicé en la materia y desde ese momento me he enfocado en querer ayudar a los demás.

La fitoterapia es la combinación de plantas medicinales y derivados que tienen una finalidad terapéutica y funcionan para prevenir, aliviar o para curar enfermedades.

Hay muchos que han experimentado los beneficios de estos productos de origen vegetal, y hay muchos más que pueden ser beneficiados por ellos.

Si bien para algunas personas es difícil confiar en medicamentos de este estilo, la verdad es que sí funcionan, mediante su correcto uso se puede lograr el objetivo que se desea.

Por otro lado, la dietética se enfoca en el estudio de los hábitos alimenticios tanto en la salud como en la enfermedad.

Es por esto que cuando se combina la fitoterapia junto a la dietética, se consigue una alimentación adecuada y natural. Y, en consecuencia, los efectos son mucho más positivos en la salud de las personas.

Decidí tomar lo que había aprendido en mi experiencia con la EM, así que me preparé para aprender a manipular las plantas medicinales como método de prevención o curación de dolencias.

De igual forma, tratar dichas patologías a través de la alimentación y los tratamientos de fitoterapia en las diferentes etapas de la vida: infancia, el embarazo o la lactancia, entre otras etapas.

Trabajo como nutricionista desde una base naturista, conociendo los requerimientos nutricionales de cada paciente y haciendo uso de la herbodietética como terapia alternativa.

Lo hago, porque tengo fé en que lo que me ayudó a superar la EM pueda ayudar a más personas, a tratar este mal y otros que también pueden ser tratados con estas medicinas y hábitos.

Igualmente, es necesario intentar llevar una rutina diaria saludable, hacer ejercicios y tener un régimen alimentario adecuado para cada tipo de persona.

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